Capítulo 2. 1. Función pulmonar y su evaluación

2. SEMIOLOGÍA RESPIRATORIA

2. 1. INSPECCIÓN Y PALPACIÓN
   
Al evaluar a un paciente en insuficiencia respiratoria grave, sin olvidar la anamnesis previa sobre hábitos y posibles exposiciones tóxicas, debemos prestar la máxima atención al enfermo, su aspecto y hábito general, presencia de cianosis central, ésta corregible con oxigenoterapia, en tanto que la cianosis periférica se corrige con calentamiento de los miembros 10, si hay respiración a labios fruncidos 11 y  también debemos inspeccionar el entorno que rodea al enfermo. Es importante observar la postura en la cama, los decúbitos preferidos, el uso y apoyo de la cintura escapular y miembros superiores sobre las rodillas, o la utilización adecuada de la oxigenoterapia en su caso, según la respiración sea preferentemente nasal o bucal (gafas nasales o mascarilla). La frecuencia respiratoria, de uso centenario 12, medida con una mano apoyada sobre el tórax, sigue informando de la normalidad o eficacia del aparato respiratorio, encontrándonos en pacientes restrictivos, y en la fase de agotamiento respiratorio final también de los obstructivos, una respiración superficial (Volumen Tidal bajo y frecuencia respiratoria rápida), polipnea o taquipnea, en tanto que la respiración profunda (Volumen Tidal alto y  frecuencia lenta), debiera catalogarse como hiperpnea, siendo más típica, aunque no obligatoria, de los síndromes ventilatorios obstructivos. La respiración a boqueadas, o “gasping”,  signo de la necesidad inmediata de intubación traqueal, puede observarse también en pacientes intubados, junto a un bamboleo torácico lateral, indicativo a veces de la presencia de un tapón en el tubo, o de broncointubación derecha, que únicamente se resuelve cambiando dicho tubo traqueal por uno nuevo, o corrigiendo la broncointubación. 
   
Asimismo hay que observar si existe ortopnea, o lo contrario, platipnea, buscar el aleteo nasal sobre todo en pacientes pediátricos, el signo de Hoover 13 o retracción inspiratoria costal lateral baja, los cambios clínicos provocados por el cambio de postura, y paradoja abdominal, signos indirectos de paresia o debilidad diafragmática. También interesa buscar el signo de Campbell, que  se refiere al descenso inspiratorio traqueal, provocado por grandes oscilaciones de la presión pleural, signo que también informa de la libertad de este órgano en relación con su vecindad 10, y el pulso respiratorio, palpable en el cuello, provocado por la contracción de los escalenos.
   
Todos estos signos se obtienen con una rápida pero cuidadosa inspección (acropaquias, anemia, poliglobulia, pigmentaciones tabáquicas), y palpación abdominal para descartar contracción de los músculos abdominales, en el caso de la paradoja, que se debe a transmisión patológica  de la presión negativa inspiratoria pleural al abdomen. La presión abdominal debe ser siempre positiva en inspiración 14 habiendo paradoja, si el diafragma es  débil, o hay parálisis bilateral.La parálisis de un solo diafragma sólo es sintomática si coexiste debilidad de otros músculos respiratorios o enfermedad pulmonar 15. Si en posición de decúbito supino hay reclutamiento de los músculos de la caja torácica, cuyo orden es, primero los escalenos, y después el esternocleidomastoideo, es que el diafragma es débil, o está aumentado el trabajo respiratorio. No hay que olvidar que el diafragma es el principal músculo inspiratorio, que debe descender en inspiración, aumentando la presión abdominal y gástrica al mismo tiempo que desciende la presión pleural en inspiración. Sin embargo, hay que señalar que en situaciones de gran disnea y trabajo respiratorio pueden ponerse en marcha mecanismos auxiliares como es el descenso inspiratorio de la presión gástrica para conseguir una buena Presión diafragmática: Pdi=(Pga - Pes),  y dándole valores a esta fórmula, se podría obtener: (-20)-(-40)=+20 cm de agua. Otro mecanismo compensatorio puede ser la contracción muscular abdominal espiratoria prolongada para conseguir un efecto péndulo o gravitatorio diafragmático en la próxima inspiración.
   
En casos de obstrucción bronquial importante  además de detectarse el llamado "silencio auscultatorio", es importante confirmar la existencia del Pulso paradójico, para valorar su gravedad y trascendencia.En el Gráfico 3, se resume la técnica de su detección, así como sus posibles explicaciones fisiopatológicas. 
   
Como en muchos aspectos de la vida actual, la descripción original de los términos, maniobras y técnicas, ha sufrido traducciones a distintos idiomas, que lógicamente han modificado el término original, aportando adjetivos y tradiciones locales, lo que es el origen de la confusión terminológica, sobre todo si se compara bibliografía inglesa, americana, francesa, italiana, y española. Así, anecdóticamente, los ingleses valoran el frémito tactil de la voz sobre el tórax con la fonación del número 99, en tanto que los franceses, y españoles, usamos el 33.
  
2. 2. PERCUSIÓN Y AUSCULTACIÓN RESPIRATORIA.
   
Además de la inspección y palpación referidas, la semiología respiratoria, sobre todo en los tiempos de la tuberculosis, se basaba en la percusión, sobre todo tras la publicación por Leopold Auenbrugger en 1761 de su obra: "Inventum Novum", obra traducida al francés por J.N. Corvisart, médico de Napoleón y del Hospital de la Charité de Paris. La auscultación respiratoria se practicaba aplicando el oído al tórax del paciente, de forma directa, hasta que Laennec (1781-1826 ) afecto de tuberculosis junto con toda su familia diseñó "aquel cuaderno de papel enrollado", bautizado como estetoscopio 16, precursor de los fonendoscopios actuales. Laennec, considerado el padre de la actual semiología respiratoria, aplicó el término genérico Râle a los sonidos respiratorios, distinguiendo cuatro tipos, basados en evidencias clínicas con confirmación patológica, resumiendo todos los sonidos respiratorios anormales. La primera traducción al término latino Rhonchus, ya establece la primera confusión, siendo Laennec testigo de ella en una reunión con sus traductores. Posteriormente, la terminología inglesa y americana complica innecesariamente cada sonido respiratorio patológico, pudiendo leerse las palabras crackle, wheezes, ronchi, coarse, high pitch, soft, dry, coarse, faint, loud, etc, 
   
También se han clasificado  los sonidos respiratorios en sonidos contínuos (inspiratorios y espiratorios), o discontínuos, audibles en una de las dos fases 17. Aunque los tiempos floridos de las cavitaciones pulmonares provocadas por las lesiones tuberculosas han pasado, aun recordamos los términos: sonidos anfóricos, tubáricos, pectoriloquias, etc.
   
El médico pasa una buena parte de su tiempo, aunque cada vez menos, auscultando pacientes, en nuestro caso, a menudo conectados a ventiladores, con sistemas de drenaje pleural innecesariamente ruidosos,  pacientes portadores de balón intraaórtico, cuyo ruido imita al signo de Hamman (crujido sistólico en neumotórax izquierdos); pacientes ventilados con equipos dotados de válvulas de diseño variado que también hacen ruidos específicos, y en ambientes ruidosos con alarmas casi contínuas, y personal numeroso que impiden la concentración y audición, siempre subjetiva, de los sonidos respiratorios.

2. 3. SONIDOS RESPIRATORIOS NORMALES
   
Los sonidos respiratorios normales se producen 18 por la entrada, ruidosa al ser turbulenta, del gas en las vías aéreas inferiores, ya que salvo estenosis en la vía alta (estridor), a este nivel no debe haber ruidos patológicos. En cada bifurcación bronquial se producen las citadas turbulencias, variando el tono de este Ruido según el calibre bronquial,  hasta llegar a la zona respiratoria de intercambio, donde tiene lugar la ventilación alveolar, que es muda, silente, suave y sin turbulencias, ventilación alveolar que impropiamente se identifica con el llamado murmullo vesicular.
   
El Ruido bronquial, normal en el cuello sobre la proyección traqueal, y en campos pulmonares altos, es contínuo, inspiratorio y espiratorio, con una pausa entre ambas fases, dominando la fase inspiratoria, más ruidosa. El murmullo vesicular es el mismo ruido bronquial, filtrado normalmente por el parénquima pulmonar respecto a los tonos altos bronquiales, y también es inspiratorio y espiratorio, dominando la fase inspiratoria casi al completo, pues la espiratoria es mínima. Tiene justificación la mínima fase espiratoria del murmullo vesicular, porque el aire se aleja de la pared torácica donde auscultamos, aparte de que los tonos bajos se captan peor por el oído humano. La dinámica de flujos, basada en las ecuaciones y leyes de Bernouilli y Poiseuille, considera la existencia de flujos laminares, flujos de transición o inestables, y flujos turbulentos, así como el llamado número de Reynolds, para tubos cilíndricos, que cuando supera el valor 3000 asegura que el flujo es turbulento 19.

2. 4. RUIDOS ANORMALES O ADVENTICIOS
   
Partiendo de estos sonidos respiratorios normales (ruido bronquial y murmulllo vesicular), pasamos a encontrarnos distintas situaciones en que patológicamente las vías bronquiales están más estrechas, más en espiración siempre, y hacen más o menor ruido bronquial según el nivel de la obstrucción. Puede ser que el parénquima pulmonar en vez de filtrar el ruido bronquial, lo amplifique, como es el caso de las condensaciones; puede ser que el parénquima filtre este ruido en exceso (enfisema), o puede haber colecciones de gas o líquido que también amplifican, o más a menudo impiden su transmisión a la pared torácica.
   
En casos en que la fase espiratoria está alargada debido a la existencia de obstrucción bronquial, aparecen ruidos patológicos de predominio espiratorio, llamativos, por ser siempre esta fase menos sonora. Los llamados soplo bronquial o tubárico, soplo pleural, y soplo cavitario o anfórico, son amplificaciones del ruido bronquial en zonas no habituales (tráquea y campos altos), provocadas por falta de filtrado en la consolidación, por facilitación de la audición de los tonos altos en el borde superior de un  derrame, o por amplificación por la cavitación, respectivamente 20.

2. 5. SONIDOS CONTINUOS, SIBILANCIAS Y RONCUS
   
Dentro de los sonidos anormales, añadidos o adventicios, y atendiendo a su temporalidad y tonalidad, están los ruidos contínuos, ins y espiratorios, ya sean de tono alto y musical (sibilancias, wheeze) o de tono bajo o grave (roncus). Hay varias teorías acústicas para explicar estos ruidos: resonancia, generación de remolinos, y la oscilación y flutter de la vía aérea, hablándose de la velocidad crítica o divergente, y de la velocidad de oscilación y “flutter” 19. En la generación de estos sonidos influye el calibre de las vías obstruidas, obstrucción mayor en espiración, sin descartar un componente de vibración de las paredes bronquiales muy próximas, que el gas separa y hace vibrar a su paso. Para que se produzcan sibilancias se requiere que haya limitación al flujo aéreo, un colapso parcial de la vía aérea, aumento de la velocidad del flujo por encima de un umbral crítico, así como que la presión transmural bronquial (alveolar - pleural) alcance un valor crítico en el punto de igual presión o punto de choque.

2. 6. SONIDOS DISCONTINUOS
   
Otros ruidos anormales serían los discontínuos, tipo estertores, crackles o râles, que son como un chisporroteo de predominio inspiratorio, y los causa o bien la interfase aire-liquido en la proximidad alveolar, o bien la explosión, por apertura brusca de unidades colapsadas, lo que explica el predominio inspiratorio. En patología intersticial se ha acuñado la descriptiva denominación de estertores tipo celofán, velcro, etc, cuyo tono puede simularse frotando el propio cabello contra la sien.
   
Por último, los roces o frotes pleurales se deberían al rozamiento entre las dos hojas pleurales próximas, cubiertas de fibrina, lo que explica su desaparición al aumentar el derrame, que separa estas hojas.
   
La auscultación de la voz informa de la transmisión del lenguaje a la pared torácica, casi siempre aumentada, y en tonos altos, salvo en grandes colecciones pleurales. Los términos broncofonía, pectoriloquia áfona y egofonía son variantes de una amplificación de la transmisión de la voz normal, de la voz cuchicheada, con un timbre caprino (ego=cabra), respectivamente.

2. 7. RESUMEN DE  SEMIOLOGÍA Y SEMIOTECNIA.
   
En resumen, la auscultación pulmonar en un enfermo grave, debe basarse en la presencia del ruido bronquial en sus campos pulmonares habituales, del murmullo vesicular en los suyos, y en la tipificación de los ruidos anormales, buscando el predominio inspiratorio o espiratorio, su tono, timbre, etc, lo que nos informará del probable mecanismo fisiopatológico productor del ruido, para mejorarlo en lo posible. Se podría resumir la terminología semiológica más frecuente en: Roncus, sibilancias (wheeze), y crepitaciones o estertores (crackle o rales) 18
   
En pacientes en ventilación mecánica, es habitual la audición de tonos bronquiales, altos, rudos, ya que los flujos inspiratorios no son sinusoidales como en respiración fisiológica, sino forzados, constantes o contínuos, sin olvidar el ruido de la apertura valvular espiratoria, sobre todo cuando hay presión positiva espiratoria final (PEEP), o los tiempos espiratorios se han reducido demasiado en el patrón ventilatorio a veces más impuesto que prefijado. Es importante la auscultación en el cuello, que informa en pacientes intubados de fugas en la estanqueidad del neumotaponamiento (cuff), así como la presencia de estridor postextubación, relativamente frecuente. El resto de ruidos ambientales deberían disminuirse (personal, burbujeo de Pleurevac, alarmas de los monitores), para mejor oir los sonidos broncopulmonares, siendo útil la visualización del manómetro de los ventiladores en la calificación de contínuos o discontínuos. No hay que olvidar el ruido que producen las fístulas broncopleurales, ruido exagerado o disminuido según la actitud de aspiración, presurización, etc. que se tenga ante ellas.
   
Para terminar, y sin querer entrar en el enorme interés de la radiología torácica, se recuerda que en determinados casos, es útil la maniobra de husmeo o sniff, en que el paciente hace esfuerzos inspiratorios máximos voluntarios. Aquí, la nariz hace de resistor de Starling, generando altas presiones intratorácicas, por efecto válvula nasal 15, debiendo cumplir el test una serie de criterios, y complementándose con la visualización radioscópica de falta del descenso inspiratorio diafragmático normal, no siempre concluyente, si hay parálisis de este músculo.