Capítulo 11. 8. Traumatismo durante el embarazo

3. VALORACIÓN GENERAL DE LA GESTANTE POLITRAUMATIZADA   


Al igual que en las medidas de soporte vital, en la embarazada víctima de un accidente traumático, son aplicables los protocolos de diagnóstico y actuación específica para la atención a pacientes politraumatizados. Si bien, el estado propio de la gestación y el hecho de atender a dos vidas impone algunas peculiaridades que pasamos a describir.

1. Ser cautos en la indicación de radiografías y proteger el abdomen materno con un delantal de plomo, siempre que sea posible. Los efectos de la radiación van a depender de la dosis y la edad gestacional. Las consecuencias de la irradiación sobre el producto de la gestación incluyen: abortos, malformaciones congénitas, retraso del crecimiento, neoplasias postnatales y muerte. En la primera semana  es cuando el embrión es más sensible, aunque es poco probable que pueda anidar si resulta dañado. Entre la semana segunda y séptima, es cuando existe mayor riesgo de efecto teratógenos, por ser el periodo de organogénesis. Son raras las malformaciones por encima de la 20 semana de gestación, aunque pueden presentarse retrasos del crecimiento, trastornos funcionales del sistema nervioso central y riesgo de tumores postnatales.

2. En la valoración de los traumatismos abdominales es necesario tener en cuenta que la laxitud y distensión abdominal de la mujer gravídica puede enmascarar los signos de irritación peritoneal . La punción lavado peritoneal diagnóstica puede practicarse empleando una incisión supraumbilical con visión directa, de esta forma se evita lesionar el útero gravídico . La ecografía abdominal portátil permite, junto a la valoración del traumatismo abdominal y las posibles lesiones maternas, obtener datos muy útiles sobre el producto de la gestación.

3. Exploración de lesiones o hemorragias en périne, vagina y recto. Tanto por la sospecha de lesiones locales, como indicativo de posibles lesiones específicas del embarazo y que serán descritas más adelante.

4. Un aspecto controvertido es el momento de realizar la cesárea en una gestante cuando no hay respuestas a las maniobras de resucitación materna y el feto es posiblemente viable, mayor de 24 semanas. Mientras algunos autores se inclinan por practicarla tras 15 minutos de reanimación cardiopulmonar, otros la aconsejan más precoz, en los primeros  5 minutos de paro cardíaco y manteniendo las maniobras de reanimación. Estos últimos se basan en que tras la cesárea desaparece la compresión aorto-cava por el útero gravídico y mejora las posibilidades de recuperación de la madre y del feto.

5. En los traumatismos penetrantes debemos tener en cuentra que el aumento del tamaño uterino a lo largo del embarazo hace que se desplacen las vísceras abdominales. por ello, aumenta el riesgo de que resulte dañado el útero y disminuye las posibilidades de lesiones en otras vísceras. La consistencia y densidad de la musculatura uterina, el líquido amniótico y el feto pueden absorber una gran cantidad de energía de los proyectiles penetrantes, disminuyendo la velocidad y el impacto en otras vísceras. Estas son las causas de una menor incidencia de lesiones asociadas viscerales en los traumatismos abdominales penetrantes durante el embarazo.