Capítulo 12. 6. Soporte vital en Pediatría
 

La parada cardiorrespiratoria es la emergencia vital por excelencia, punto final de muchas patologías agudas graves que comprometen la vida del paciente. Se define como la interrupción brusca, inesperada y potencialmente reversible, de la respiración y circulación espontáneas, lo que se traduce clínicamente en pérdida de conciencia, apnea o gasping y ausencia de pulsos centrales.1

Si la resucitación cardiopulmonar (RCP) pudo parecer en sus orígenes un medida milagrosa, capaz de devolver la vida, los resultados que mostraban supervivencias inferiores al 50% en la mejores series e incluso menor del 15% en muchas de ellas,2, 3 llevaron a algunos autores a afirmar que la RCP era una medida ineficaz. No obstante, hay que tener en cuenta que la recuperación espontánea tras una parada cardiaca es excepcional; además, existen hoy numeros pacientes que, habiendo sufrido un episodio de parada cardiorrespiratoria, llevan una vida plena y productiva, gracias a haber sido sometidos a una RCP satisfactoria. Por tanto, parece correcto generalizar los conocimientos actuales de RCP, no sólo entre los profesionales sanitarios hospitalarios sino también a nivel extrahospitalario e incluso fuera del ámbito de los trabajadores de la salud. Esto se hace aún más evidente entre la población pediátrica en la que la incidencia de paro cardiorrespiratorio se está viendo incrementada por la supervivencia de niños afectos de patologías crónicas graves, que hasta hace poco tiempo eran consideradas como letales.4

No existen criterios unánimes repecto a la fisiología del flujo sanguíneo durante la reanimación ni en cuanto a muchas de las drogas utilizadas en la RCP avanzada. Estos aspectos contradictorios y las tendencias actuales, junto con los aspectos diferenciales de la RCP en el niño, es lo que pretendemos resumir en este capítulo.

1. RECUERDO HISTÓRICO DE LA RCP

Aunque ya en el Antiguo Testamento5 pueden encontrarse referencias a la RCP y, anecdóticamente, en la bibliografía médica a lo largo de la historia, no es hasta principios de los sesenta cuando Kouwenhoven 6 y Safar 7, de forma independiente, describen la técnica secuencial de la RCP tal y como se concibe en la actualidad. En 1966 la Academia Nacional de las Ciencias y el Consejo Nacional de Investigación de EEUU realiza la primera conferencia sobre reanimación cardiopulmonar, donde se sentaron las bases de para la protocolización de la RCP y se estableció la necesidad de generalizar el entrenamiento del personal sanitario en las técnicas de reanimación.8 Dos años más tarde, el propio Safar protocoliza la RCP 9, misión que posteriormente asume la Academia Americana de Cardiología (AHA), publicando periódicamente, en la revista JAMA, diferentes actualizaciones.10, 11, 12, 13 Europa se suma a esta iniciativa y en 1989 se crea el Consejo Europeo de Resucitación (ERC), en el que participan expertos del Comité Español de RCP y que en 1992 publica las Normas Europeas de Soporte Vital para Adultos.14, 15

Es en estas últimas reuniones en las que se acuerda sustituir el término clásico de reanimación cardiopulmonar por el de Soporte Vital, concepto más amplio y que englobaría todas las medidas adoptadas en el paciente crítico, antes y durante la parada cardiorrespiratoria. También dentro de las técnicas de soporte vital, como sucediera con las de RCP, se distinguen dos apartados: El Soporte Vital Básico y el Soporte Vital Avanzado. Igualmente la AHA clasifica las diferentes medidas terapéuticas, de acuerdo a conocimientos actuales, en tres categorías:13

  • Clase I: Medidas de eficacia probada, no peligrosas, siempre indicadas
  • Clase II: Medidas de eficacia y seguridad inciertas, siendo aceptable su uso bajo ciertas circunstancias. Se subdividen a su vez en:
    • II a: Probablemente eficaces
    • II b: Posiblemente eficaces
  • Clase III: Medidas ineficaces, potencialmente peligrosas y por tanto no indicadas
En 1978 se crea en EEUU un grupo específico de RCP infantil, con participación de miembros de la AHA y de la Academia Americana de Pediatría, que celebró su primera conferencia en 1983, publicando sus recomendaciones, junto a las del adulto, en los años 1980, 86 y 92.11, 12, 13 En Europa las primeras normas del grupo pediátrico del ERC fueron publicadas en 1994.16

Las principales razones para la creación de grupos de estudio y protocolos específicos para la edad infantil radican, por una parte, en los diferentes mecanismos y causas de la parada cardiorrespiratoria en el niño. En el adulto la parada cardiorrespiratoria suele ser secundaria a trastornos cardiacos primarios y, de acuerdo con ello, gran parte de los protocolos de Soporte Vital se dirigen al reconocimiento y tratamiento de las arritmias; por el contrario, las causas de parada cardiorrespiratoria en la infancia son diversas pero frecuentemente su mecanismo común es la hipoxemia y la acidosis; por ello, el mayor énfasis en la RCP pediátrica debe hacerse en el reconocimiento precoz de las situaciones de riesgo y en las actuaciones anticipatorias y técnicas de ventilación.17, 18

Por otra parte, existe un distinto comportamiento de los profesionales sanitarios ante el niño con parada cardiorrespiratoria, probablemente consecuencia de la escasa importancia concedida a la RCP pediátrica dentro de la formación general en RCP, situación agravada frecuentemente por la carencia, en el medio extrahospitalario, del material adecuado para la reanimación infantil. Afortunadamente esta situación está en vías de solución, mediante la implantación de cursos específicos de RCP pediátrica.4

Una tercera razón, no menos importante e íntimante relacionada con la primera, es la existencia de diferencias anatómicas y fisiológicas substanciales entre el niño y el adulto, más acentuadas cuanto menor es el paciente (a efectos de maniobras de RCP, los niños mayores de 8 años o de peso superior a 30 kg), se consideran como adultos, existiendo protocolos específicos para la edad neonatal.19